Un Hecho Histórico Trascendental Por el Pbro Marcelo A. Lorca Albornoz El Aniversario El 11 de febrero de 2007, la Iglesia de Tucumán cumple cincuenta años de elevación a la dignidad de Arquidiócesis. Y por esta razón, queremos resaltar algunos hechos que nos ayudaran a recordar el marco histórico en el cual Tucumán es elegida Metrópolis. Además, haremos un recorrido, no muy exhaustivo, por los períodos de gobierno de Obispos y Arzobispos desde la creación de la diócesis de Tucumán hasta la actualidad, y su relación con la distribución de las parroquias por la geografía tucumana. La década del cincuenta se convirtió en protagonista de los primeros pasos en el proceso de evolución y madurez que la organización eclesiástica en Argentina. Ya que los desafíos de la modernidad y su atractiva forma de pensamiento, los cambios en el escenario político que llevaron a una profunda crisis entre las autoridades civiles y la jerarquía eclesiástica, la creación de doce nuevas diócesis, la consagración de doce Obispos y la elevación de dos Arzobispos más, hicieron que la Iglesia en la Argentina tuviera una mayor eficacia en la propagación del Evangelio de Jesucristo. Gracias a una mejor distribución espacial de las jurisdicciones, las comunidades cristianas pudieron recibir un renovado impulso y vislumbrar en el horizonte del tiempo una aurora espiritual en las almas, familias e instituciones. Un poco de historia La diócesis de Tucumán fue creada el 15 de febrero de 1897 por el papa León XIII con la Bula “In Petri Catedra”. Esta nueva diócesis, desmembrada de Salta, estaba constituida por las provincias de Tucumán, Santiago del Estero y Catamarca, las cuales se separaron en 1907 y 1910 respectivamente. De entre las actuales parroquias tucumanas, once ya existían para ese tiempo (1897) y de ellas solo dos se limitaban a la Capital; el resto velaba celosamente por la salud de las almas en la campaña. El primer Obispo fue Mons. Dr. Pablo Padilla y Bárcena, jujeño, que hasta entonces era el Obispo de Salta. Guió la Iglesia de Tucumán desde 1898 hasta su muerte el 21 de febrero de 1921, creó ocho parroquias, de las cuales seis destinó al interior y solo dos a la ciudad. En síntesis, desde la época de la colonia hasta 1953 existían en la provincia treinta y seis parroquias, cuya ubicación privilegiaba a la campaña que a la urbe. Respuestas ante el crecimientoComo la vida religiosa iba creciendo al mismo ritmo que la vida social, política, económica, los Obispos estaban muy preocupados por una mejor atención pastoral del pueblo de Dios, y trataban constantemente de dar respuestas efectivas a través de una mayor distribución de las parroquias y presencia de los sacerdotes. Lo que no es sencillo, ya que no siempre se cuenta con un número de vocaciones que satisfagan tales urgencias. Lamentablemente, el número de sacerdotes no crece en medida proporcional a la que crece la población. Esto se vio en la primera mitad del siglo XX cuando se produjo un marcado dominio de la agroindustria azucarera en la economía que influyo en la distribución de la población en toda la geografía provincial. San Miguel de Tucumán creció de una manera alarmante, ya que los pobladores del área azucarera emigraron hacia la Capital. Los cuales también fueron atraídos por la mejora en las actividades mercantiles y los servicios (medios de transporte, oficinas, bancos, etc.) En 1947, el número de habitantes de la provincia era de 593.371, y en 1960 llegó a ser de 778.972. La tasa de crecimiento fue del 21 por mil entre esos años. Además, se extendieron los centros urbanos, creándose barrios en los alrededores de la Ciudad. Es indiscutible que Tucumán se convirtió en una provincia progresista y pujante, con un importante lugar en la Región. También sucedió lo mismo en el ámbito eclesial. Necesitaba, por tanto, de alguien que de continuidad a los esfuerzos realizados hasta ahora y se adaptara a los nuevos tiempos que se venían en la segunda mitad de siglo. Un Obispo JovenAsí, el 11 de octubre de 1946, el papa Pío XII, designó a Juan Carlos Aramburu, obispo Titular de Platea y Auxiliar de Mons. Agustín Barreré, quien ya se encontraba muy enfermo. El Arzobispo de Córdoba Fermín Lafitte lo consagró Obispo en la Catedral de esa Ciudad el 15 de diciembre del mismo año. Mons. Aramburu gobernó primeramente la Diócesis como Vicario Capitular, hasta que el 28 de agosto de 1953 fue nombrado como cuarto Obispo diocesano de Tucumán, tomando posesión de la sede el 1 de noviembre del mismo año. El 11 de febrero de 1957 el papa Pío XII, elevó a Tucumán y Bahía Blanca a la dignidad de Arquidiócesis. Con la misma Bula “Quandoquidem Adoranda” se crearon doce nuevas diócesis que se sumaron a las veintitrés ya existentes en Argentina. Mons. Aramburu fue nombrado como primer Arzobispo de esta nueva sede Metropolitana. El mismo Pontífice le concedió el palio Arzobispal, que le fue impuesto solemnemente en la Iglesia Catedral de Tucumán el 9 de junio de 1957. De esta manera, las Iglesias diocesanas se dividieron y redistribuyeron por todo el territorio argentino. La vida espiritual de la Iglesia: parroquias, asociaciones, ambientes y también del clero, se renovaron, multiplicaron y difundieron con un saludable vigor manifiestamente visible. La creación de un obispado es un hecho histórico trascendental que habla de un notable crecimiento de la vida cristiana en el país. El Obispo residente en una diócesis es como un nuevo manantial de agua en un campo de cultivo, según la apreciación de Mons. Aramburu. Mons. Aramburu pastoreó la Iglesia de Tucumán hasta 1967 al ser trasladado a Buenos Aires. Su labor espiritual se manifestó en la creación de quince nuevas parroquias y la construcción de numerosas capillas en el interior de la diócesis. Así mismo encaró la construcción de una casa de ejercicios espirituales, al pie del cerro San Javier. Qué es una ArquidiócesisLa Arquidiócesis es llamada también Metrópolis que proviene del griego, y traducido es “ciudad madre”. La sede episcopal de Tucumán se convirtió en Metrópolis, ciudad madre. Y la Diócesis de Santiago del Estero pasó a ser sufragánea, y luego se sumaron las diócesis de la Santísima Concepción y Añatuya. El Arzobispo posee dos poderes: el de jurisdicción episcopal, sobre su propia Iglesia diocesana y el de jurisdicción papal, delegada por la Santa Sede, sobre las diócesis sufragáneas. Así, el Arzobispo participa de la jurisdicción papal sobre sus sufragáneas y que el Pontífice ejerce por derecho divino sobre toda la Iglesia Católica. Uno de los signos del Arzobispo el palio, una banda confeccionada con lana blanca y que el Arzobispo lleva sobre sus hombros. Es bendecido por el papa, en la festividad de la Cátreda de San Pedro, para simbolizar que el poder proviene de la autoridad del mismo Apóstol y sus sucesores. Hasta hoy Sucedieron al Cardenal Aramburu como Arzobispos de Tucumán: Luego de esperar largamente un Pastor residente en la Arquidiócesis, el papa Juan Pablo II designó al Obispo de la diócesis de San Martín, Mons. Luis Héctor Villalba, para ocupar la silla episcopal vacante. Hasta el día de hoy presta su servicio pastoral en Tucumán y erigió tres parroquias desde su toma de posesión. Para celebrar y no olvidar Es una necesidad para nuestra identidad religiosa y cultural, conocer y celebrar los aniversarios de los diversos acontecimientos que han marcado la presencia misionera en nuestro pueblo del norte argentino. Ser agradecidos con todos aquellos que dieron su vida en esta empresa evangelizadora. Por esta razón, hoy intentamos resaltar esta fecha del 50° aniversario de la Arquidiócesis y agradecer a Dios por su presencia cercana en la Iglesia que peregrina en Tucumán. Sabemos que las alegrías y las tristezas que estuvieron y están presentes en la historia de esta Iglesia particular nos debe impulsar a ser agradecidos y a pedir perdón constantemente. Ser capaces de descubrir los signos de los tiempos y acompañar con nuestra debilidad al Espíritu Santo que con Sabiduría Infinita sigue guiando a la Santa Madre Iglesia. |